Capítulo 2: Donde las invisibles hondas del silencio,
golpean cegadoramente.
A veces cuestionas, el por qué de ciertas cosas, algo
intrínseco a toda la humanidad a lo largo de la historia, por qué, por qué
estamos vivos, por qué estamos aquí, está pregunta a perseguido el cogito de
toda persona, la conciencia sobre uno mismo, es innata a la misma existencia, e
indispensable e ineludible, la cuestión sobre su motivo, y es por eso, que
cuando se tiene un sueño, una razón para vivir, que rellene el espacio en
blanco para la respuesta a esa pregunta, es más fácil ser feliz, pues, cuando
ante está pregunta, te quedas en blanco, o uno no se detiene hasta que
encuentra la respuesta, o se deja de ser humano, y pasa a formar parte del gran
conglomerado, la masa, a la que le recitan las preguntas, mientras por debajo
de la mesa les pasan las respuestas, para que se sientan felices y realizados.
Preguntas... no recuerdo bien, cuando empezó el momento en
el que empecé a plantearme la pregunta, de por qué me empezaron a arrojar
lejanas piedras, de por qué mi existencia debería ser criticada por su forma,
¿Acaso a cualquiera de ellos su cuerpo les iba a valer para dar respuesta a las
preguntas que le surjan en la vida, o es que, por otro lado, es una de las
respuestas sopladas, por los "grandes señores"?. No lo sé, ya son dos
respuestas que desconozco, igual que no sé cómo, en algún momento pudieron
tener razón, y cómo, tras darme cuenta de ello, seguí creyendo en el mundo.
La cuestión, es que después de trece años lanzándote
pedradas, alguna toca algún punto donde la carne es blanda, la cuestión es que
en un momento, lo que creías que eras tú se convierte en un apéndice
endurecido, tras el que te escondes. Y la cuestión, es que en un determinado
punto ignoras esto, has armado una bomba de relojería sin saberlo, y esto es
muy peligroso.
Pero lo más grave de todo, es cuando como después de un
examen, empiezas a tener dudas, dudas acerca de la primera pregunta, aquella
que aprueba el examen, la más importante, la que tu profesor, en el momento de
docente aplicado, y arriesgándonos al símil de palabras decente, propone de
manera paralela al estudio, convirtiéndose su redacción en la práctica que
mejor demuestra el conocimiento sobre el tema, que en este caso es: tú mismo.
(Para quién no sepa a que pregunta me refiero, aludo a la primera cuestión
mentada, el por qué de nuestra existencia). En ese mismo momento, que después
de contestar seguro, y salir con el sabor de la satisfacción ante un trabajo
bien hecho entre los labios, aparece por debajo de la lengua, un amargo sabor,
ante la duda de la incorrección de está pregunta.
En este momento me encontré, cuando, mi persona maduró hasta
aquel punto, en el que empiezas a sentir, a desarrollar un sentimiento hacía
otras personas, desconocido, más allá de la amistad, que nace más pasional, y
puede llegar a ser más profundo, pero al mismo tiempo es más frágil, aquello
que había sido mi porque, y de repente, todo se desmorona, y te da en las
narices.